

CRONICA DE UN ESTRENO
Cuando recibimos la noticia de que el Festival Documenta Madrid 08 había seleccionado nuestro documental sobre el Rock-ola fue un gran día. Significaba que por fin habíamos llegado al final de un viaje que iniciamos hace años. Casi tantos como los que estuvo la sala abierta. Lo que empezó como una pequeña aventura se había convertido en un largometraje documental de 82 minutos. Mucha gente se preguntará cómo es que tardamos tanto tiempo en terminarlo-¡ni que fuera El Señor de los Anillos! dirán algunos- pero lo que no saben es que este proyecto se fraguó al más puro estilo Movida: una idea, unos amigos, algo de dinero, poco, y adelante, con dos cojones; ni productoras, ni subvenciones, ni ayuda económica de ningún tipo; esfuerzo, ilusión, algún que otro sacrificio y el buen rollo de la gente que se acercaba al proyecto cada uno aportando su granito de arena: entrevistas, fotos arrancadas de sus propios álbumes, cintas vhs recuperadas de algún altillo de la casa del pueblo, y así, poco a poco, como si tuviera vida propia, el documental fue creciendo hasta ese 10 de mayo en el que pudimos presentarlo en sociedad.
Ya había gente que lo había visto, aunque en una versión más larga, y a todas estas personas les había gustado mucho, incluso a los que no eran ni mi madre ni mi novia; por tanto debería de estar tranquilo, confiado, sin embargo estaba muy nervioso. Había dos poderosas razones para mi inquietud: la primera es que la gente iba a pagar por verlo y cuando una cosa te cuesta dinero la exigencia aumenta y la segunda es que iba a ir gente que había participado en el documental. ¿Les gustaría? ¿Colmaríamos sus expectativas?.
El pase era a las 22:45h en el Círculo de Bellas Artes, pero yo ya estaba por allí a las diez para saludar, ver un poco el ambiente y comprobar cómo iban apareciendo los primeros rockoleros: Borsani, Pepo, Magin, Mary, Pepe, Pilar…La verdad es que fue muy agradable verles juntos saludándose, charlando… y entre saludo y saludo no caí en la cuenta de que la cosa se estaba animando y la verdad es que había bastante gente en la entrada de la sala. De repente, lo inesperado. Se me acercó alguien, no recuerdo quién y me dijo que las entradas estaban agotadas. -¡Cachondo!- le dije pensando que me estaba tomando el pelo. ¡Si el aforo era de 215 personas y faltaban todavía 15 minutos! Pero no era broma. Era verdad. De hecho, y vuelvo a pedir disculpas a estas personas, hubo familiares, amigos, incluso algún entrevistado que no pudo entrar. No nos lo podíamos creer. En ningún momento se nos ocurrió reservar entradas porque pensábamos que no haría falta, era sábado noche y hay tantas cosas qué hacer en Madrid…
Superada la mezcla de alegría (¡habíamos llenado!) y de tristeza por la gente que se quedó fuera, entramos y al poco rato se apagaron las luces y la pantalla empezó a llenarse de imágenes. Y aquí empezó mi tortura: nervios típicos de estreno acrecentados por una copia en Betacam bastante deficiente, sobre todo en lo que respecta a sonido y de la que pido disculpas. Sin embargo, la platea disfrutaba con lo que veía y aparentemente no les importaba las deficiencias técnicas; incluso había momentos en los que se reían tanto que parecía que estuvieran viendo una comedia y no un documental.
Y así, tras cuatro años resumidos en 82 minutos, terminó la proyección y el público rompió a aplaudir y yo casi a llorar.
Recuerdo que busqué a los rockoleros para saber su opinión y estaban encantados, me dijeron que habíamos conseguido atrapar el espíritu del Rock-ola y alguno incluso me confesó que se había emocionado atacado por la nostalgia. Y justo en ese momento llegó la tranquilidad. Habrá gente que le gustará, habrá otra gente a la que no, pero en ese momento supe que habíamos hecho un buen trabajo y que habíamos conseguido lo que prometimos desde el principio: se lo recordamos al que lo vivió, se lo contamos al que no estuvo.
Todos aquellos que asistieron tienen la obligación moral de escribirnos para criticarnos o ensalzarnos, porque que duda cabe que tras 1.095 días de trabajo algo nos merecemos, para bien o para mal.







